El ranking miente: por qué Del Potro ya es “top five”

Djokovic y Murray no entusiasman como lo hacían Federer y Nadal; así, Del Potro llega al rescate del tenis como viejo-nuevo integrante del puesto de mando.

Dulce noche de verano en Nueva York y una certeza que flota en el aire: Juan Martín del Potro es nuevamente un “top five” del tenis.

¿No será mucho? El ranking del lunes lo mostrará entre los mejores 70 (N°63, para ser más precisos), muy lejos de ser uno de los cinco primeros. El mismo Del Potro calcula que, de haberse distribuido puntos en los Juegos de Río, hoy sería uno de los 20 mejores.

Pero no, Del Potro es más que eso, es “top five”, líder del circuito nuevamente, porque su ranking tiene otra naturaleza, se nutre tanto de triunfos en la cancha como de intangibles. Fue Nueva York en estos días, aunque sucede en todo el mundo: tras años de dominio de Nadal y Federer y algunos otros de Djokovic, se busca una historia diferente. Ideal si es una que, por inverosímil, le costaría el puesto a cualquier guionista en Hollywood. Lo importante es sacudir la modorra. Lo piden los norteamericanos y lo pide un tenis que atraviesa un momento que podría desembocar en una crisis de identidad.

¿De verdad estamos en la era Djokovic? ¿Por qué entonces, la amplísima mayoría de la gente sufre, se apasiona y sueña con lo que aún puedan hacer Federer y Nadal? ¿Por qué el Murray bicampeón de Wimbledon sólo les mueve el pelo a los británicos?

Porque el tenis se había acostumbrado a la épica del contraste y el heroismo. A ser de Federer o de Nadal. Bastante más difícil es entusiasmarse con ser de Djokovic o de Murray, con todo el respeto que esos dos notables jugadores merecen

Por eso, mientras Federer y Nadal resuelven si son ya sólo espectros gloriosos o aún hombres del presente, una nueva alternativa regresó de un pasado en el que pudo quedar olvidada para siempre. Se puede ser federista y nadalista, pero ahora, nuevamente, también se puede ser delpotrista. Porque su juego es tan bueno como raro, y porque su historia es buenísima. Y rarísima, también. Porque con este regreso, Del Potro es eso que tanto les gusta a los estadounidenses, un self made man. Tan self made, que la suya -una de las grandes historias del deporte mundial en 2016- la está construyendo sin entrenador.

¿Qué pueden oponer Nishikori, Raonic, Tsonga, Thiem o Dimitrov frente al “delpotrismo”? Un gran tenis, sí, pero hoy no esa combinación de potencia y carisma, de lágrimas y fragilidad que exuda el “gigante bueno” del tenis, ése que enamoró al New Yorker esta semana. El título del artículo lo dice todo: “La felicidad de ver jugar a Juan Martín Del Potro”.

Djokovic, Murray, Nadal, Federer. y Del Potro, que ayer perdió, pero no importa. Ya es “top five” otra vez, y sólo le falta una pretemporada con la intensidad y duración que este año no tuvo para sentir que puede luchar de igual a igual y liberarse de justificaciones que, si se prolongaran, a él mismo le sonarían a excusa.

Del Potro es otra vez un tenista y una estrella. Si nada inesperado sucede, él será el responsable de que a partir de enero haya que agarrarse fuerte para ver hacia dónde va el tenis de 2017. Ya sabemos que larga con él entreverado en el puente de mando.

Por Sebastián Fest, en La Nación.