¿Cómo se puede detectar una crisis de “ausencia”?

A diferencia de las crisis convulsivas, en muchas ocasiones los pacientes presentan crisis más sutiles, que pueden pasar inadvertidas en su entorno, en las que predomina una desconexión parcial o total del medio y en las que los fenómenos motores (sacudidas, temblores o movimientos más complejos como son los automatismos) son escasos y no son el fenómeno prominente.

En algún sistema de clasificación de crisis se las conoce como crisis dialépticas, que agrupa a todas ellas, sin entrar en su subtipo.

Los tipos más habituales son las ausencias típicas y atípicas, de inicio habitual en la infancia y propias de epilepsias generalizadas y las crisis parciales complejas, que pueden aparecer a cualquier edad y que son características de epilepsias focales.

Ausencias típicas

Las ausencias típicas se inician en la infancia y suelen desaparecer en adultos, aunque un porcentaje de estos las mantiene toda su vida. Son propias de epilepsias generalizadas primarias y por lo demás aparecen en niños sin otras anomalías ni retraso intelectual. Pueden coexistir con otros tipos de crisis como las crisis convulsivas generalizadas y las mioclonías o sacudidas aisladas bruscas.

Consisten en una desconexión brusca del medio, dejan de hablar o hacer lo que estaban haciendo, se detienen, no se mueven o tienen movimientos palpebrales, faciales o bucales muy sutiles, duran segundos y cuando terminan reinician su actividad como si nada hubiera pasado, en el mismo punto en el que la detuvieron.

Es frecuente que cuando comienzan los niños presentan múltiples episodios al día, a veces lo advierten antes en la escuela. No hay que confundirlo con los ensimismamientos que puede tener cualquier niño adulto sin patología.

Ausencias atípicas

Las ausencias atípicas son propias de niños con epilepsia en el seno de alguna encefalopatía que cursa con retraso psicomotor. También son cuadros de desconexión brusca del medio, habitualmente sin caída al suelo, pero de inicio y fin menos abruptos, más progresivos y duración algo más prolongada (generalmente inferior a un minuto) que las ausencias típicas.

También se pueden acompañar de algunos automatismos, caída de la cabeza o mioclonías. Es frecuente que estos pacientes presenten, además otro tipos de crisis convulsivas y no convulsivas. Su respuesta al tratamiento suele ser más pobre, precisando en muchos casos varios fármacos antiepilépticos. Para personas no acostumbradas pueden resultar bastante difíciles de detectar.

Crisis parciales complejas

Las crisis parciales complejas (CPC) son episodios autolimitados de desconexión del medio, precedidos o no de una sensación previa característica (AURA).

Duran en torno a un minuto o más, el paciente está desconectado, con o sin caída al suelo y puede permanecer parado o incluso moverse y deambular de manera “automática”. Es frecuente que el paciente realice algunos movimientos sin sentido o automatismos, que pueden ser manipulativos (tocar cosas, frotarse las manos o la ropa, coger objetos), orofaciales (gestos, chupeteo o movimientos masticatorios), fonatorios (sonidos, carraspeos, lenguaje poco coherente) o incluso movimientos más bizarros y exagerados como pataleo, giros violentos o posturas extrañas con las extremidades. La característica es que son movimientos sin propósito o sentido en ese momento y son repetitivos.

Finalizada la crisis es frecuente que el paciente tarde entre varios segundos o escasos minutos en ser totalmente consciente de su entorno. En algunas ocasiones sabe que ha tenido una crisis pero en otras no lo recuerda.

Fuente: Neurodidacta.