¿Sabías que hoy es el Día Internacional del Árbitro de fútbol?

Aunque los orígenes del festejo no están muy claros, se estima que fue la primera vez que hubo un juez neutral en un cotejo, los referées de todo el planeta conmemoran cada 11 de octubre esta fecha tan especial.

Sólo basta con recordar que en la mayoría de las ocasiones, ni bien salen al campo de juego, reciben una estruendosa silbatina, quizás como aviso de que será el culpable de todas las desgracias que se sucedan en los 90 minutos de juego.

Es que todos, pero absolutamente todos, dicen conocer qué es lo que deben sancionar, como si alguna vez en su corta o larga vida hubiera leído e interpretado, con real conciencia, las páginas del reglamento.

Difícil es explicarle a los familiares, sobre todo a las mujeres, por qué ellos quedan ajenos al espectáculo de principio a fin, recibiendo apenas un “suerte, señor” antes del pitazo inicial y una catarata de improperios, maldiciones y críticas desmedidas.

Lo que sucede es que en un sistema de competencia donde el error es parte del juego al único que no se le perdona nada es el árbitro.

A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. “Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él”.

Ocurre que, en medio del desborde de pasiones, ellos no tienen hinchas y se mueven por vocación, es decir, por la convicción de llevar adelante su misión con hidalguía, tratando de imponer la cordura, la mesura y la justicia en un ámbito donde ya escasea.