Tener un cuerpo bello no vale cualquier precio

Muchas mujeres corren tras el ideal de belleza que está de moda. Para alcanzarlo usan pastillas nocivas, hacen dietas absurdas y pagan con su salud.

A lo largo de la historia, los seres humanos -e inclusive muchos animales- han tratado de despertar atracción. Inicialmente era una cuestión de supervivencia: la mujer más atractiva podía conseguir mayor protección del hombre. Cuando la seguridad estuvo resuelta, entró en juego la competencia entre las mujeres, en especial en nuestra cultura.

El deseo de tener cuerpos atractivos ha generado a través del tiempo dientes tallados, orejas y labios agrandados, caras atravesadas con aros, cuellos estirados, vendajes para lograr pies pequeños, corsés para achicar cinturas. No fueron raros los desmayos, la ruptura de costillas, los problemas hepáticos y circulatorios. Algunas mujeres llegan a extraer quirúrgicamente sus costillas inferiores para lograr cinturas aún más pequeñas.

En cuanto a la ropa, se han usado almohadillas para acentuar caderas y busto, tacos altísimos, polleras que impedían caminar; los hombres se han colocado suplementos para destacar sus genitales, muslos y pecho. También se usaron los más inverosímiles peinados y pinturas.

En cincuenta años, la figura femenina ideal se transformó de un reloj de arena a un tubo de ensayo. Las fajas reemplazaron a los corsés y se pusieron a la orden del día los ayunos y las dietas peligrosas. Hoy las mujeres compiten para ver quién es más delgada, a veces por razones de profesión -modelos, bailarinas, gimnastas- otras veces, no. La insatisfacción corporal sustenta el temor a la gordura y avala las dietas crónicas, en especial en chicas cada vez más jóvenes, que pueden caer en la anorexia y la bulimia. Una investigación hecha por la Universidad de California indicó que ya a los 10 años de edad el 80 por ciento de las chicas están haciendo dieta y el 60 por ciento teme aumentar de peso.

Con forma de guitarra

La mayoría de las mujeres no nace con la estructura, estatura y metabolismo que requiere el ideal ultradelgado del cuerpo femenino actual. Sólo un milagro podría hacer que sus cuerpos adoptaran esas características. A pesar de ello, muchas lo intentan una y otra vez con dietas, pastillas nocivas para adelgazar, productos y artefactos que “queman las grasas”. Cuando eso no da resultado, se sienten frustradas o inferiores.

El mito dice que son los hombres quienes exigen a las mujeres cuerpos bellos a cualquier precio; describe una guerra entre hombres y mujeres, dominadores y víctimas. Sin embargo, en todas las culturas, al hombre le gustó más la mujer con forma de guitarra. Hay una sabiduría biológica en esta preferencia, ya que dicha distribución de la grasa facilita el embarazo y la lactancia.

Creo firmemente que podemos respetar a nuestro cuerpo real y trabajar a favor de él sin perjudicarlo. Mejorar la imagen corporal no significa necesariamente cambiar el cuerpo, sino aceptarlo y cuidarlo de la mejor manera posible. ¿Qué me hace sentir bien? ¿Qué me hace sentir mal? ¿Respeto mis momentos de cansancio o de enfermedad?

Conozco personas que viven durante años sin cuidar sus necesidades diarias: demoran hasta último momento para ir al baño, no duermen lo suficiente, no beben líquidos, no comen lo necesario para sentirse bien. Si no encuentran tiempo para recargar sus pilas con descanso y alimentos, ¿cómo van a dedicar tiempo para tratarse bien a sí mismas con ejercicios adecuados, recreación u otros cuidados?

Lo que hoy sucede es una exageración, que tal vez repite las de otras épocas. Pero es preciso transmitir a las chicas y a las mujeres que se trata ni más ni menos que de una moda, tal como si se usara colocarse dentífrico en el pelo, o llevar sobretodo a la playa. Uno debe tomar de la moda lo que le conviene, lo que le gusta, lo que le hace bien. Padres, abuelos, maestros, líderes de la comunidad, agentes de salud, debemos comprometernos en fortalecer y transmitir esa idea como forma de prevención.

Fuente: drcormillot.com