Seis cambios internos para el mejor año de tu vida

Aprender del pasado, aceptación, metas, humor, amor y paciencia.

Es importante comenzar el año con el pie derecho y trabajar conscientemente mes a mes para que sea un buen ciclo. Si bien hay variables incontrolables, podemos actuar con constancia, disciplina y voluntad para estar atentos y así crear el mejor año de nuestras vidas. Hay algunas pautas que además de contribuir a la causa, nos ayudarán profundamente a un desarrollo personal.

Aprender del pasado

Nuestro presente cambia cuando podemos mirar hacia atrás desde una perspectiva diferente. Cuando el pasado se convierte en una fuente de aprendizaje y no en un usina de quejas, ni en un refugio de excusas.

Quejarnos permanentemente de lo que pasó, de lo que no queremos o no nos gusta no cambia el pasado; más aún, genera toxicidad emocional. La queja tiene baja vibración, además de actuar como una enorme fuga energética. Energía que podríamos usar para poner en funcionamiento ideas productivas y de esta forma responder de la mejor manera a las situaciones que nos desagradan. Ya sea desarrollando creatividad para modificarlas, o bien adaptándonos a lo que no podemos cambiar.

Claro está que ante el impacto de algún disgusto, tal vez reaccionemos impulsivamente, quejándonos, y la reacción no está mal. Sin embargo, lo que marcará el cambio y dará un nuevo rumbo en la vida, será la capacidad que desarrollemos para salir cuanto antes de ese lugar de letargo y podamos conectar, poco a poco, con la “solución” en vez de quedarnos quietos repudiando el problema.

Aceptación

A veces suena trillado hablar de aceptación. Es un tema que se presta permanentemente a confusión. Esta vez citaré un ejemplo para bajar el concepto a una posible experiencia: un trabajo que no nos gusta, nos hace mal, nos resulta nocivo el ambiente laboral. Tenso, tedioso. Nos sentimos estresados, cansados.

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Si así sucediera, es primordial dejar de luchar contra lo que nos desagrada. Es necesario abandonar la lucha contra nuestros propios sentimientos de hartazgo o disgusto.

En definitiva, es lo que está sucediendo y la guerra solo potencia las sensaciones.

Lo cierto es que durante toda la vida habrá circunstancias que nos agradan y otras que nos desagradan: forman parte de la vida. Si somos capaces de aceptar las emociones poco placenteras viviremos las mismas experiencias con otra actitud, esto hará que todo se vea diferente sin la necesidad de que nada cambie. Es verdad también, que no podemos seguir esperando que las cosas muten para comenzar a sentirnos bien.

La aceptación no significa que tenemos que esforzarnos para que nos guste lo que en verdad no nos gusta. Significa disolver el conflicto interno. Aceptamos lo que estamos viviendo, le abrimos las puertas y comenzamos a vincularnos con ello desde la aceptación y no desde la lucha. Podemos sostenerlo con las manos y así “moldearlo”.

Cuando esto ocurre, un sinfín de procesos suceden dentro nuestro. Entre ellos se suscita una espontánea relajación en nuestro interior porque lejos de pelear contra el “enemigo” que nos mantiene en guardia, nos entregamos a lo que es. La entrega no tiene relación con la resignación; está más cerca de sentirnos cómodos dentro de la incomodidad.

Se trata de adaptarnos a lo que MOMENTÁNEAMENTE no podemos modificar. Se trata de vivir lo mejor posible hoy la vida que es hoy. ¿Para qué esperar?

Metas

Alicia en el país de las maravillas nos dejó su mensaje:

“…¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar

No me importa mucho el sitio…

Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes…”

Tener metas, objetivos, tener un proyecto, nos mantiene motivados; le da un sentido más específico a nuestra vida. Nos ofrece una misión, un desafío. Nos indicará el camino que esté alineado con el destino al que aspiramos llegar.

Muchas veces desconocemos qué es lo que queremos. En estos casos es importante adentrarnos, tomarnos el tiempo necesario e indagar.

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Por otra parte, ocurre con frecuencia que no nos animamos a ver lo que en verdad deseamos. En ocasiones por miedo a que no se nos cumpla o no poder llegar y sufrir.

Ser conscientes de esto y saber que la vida es cada paso del camino y NO la llegada, nos ayudará a ser más flexibles con nosotros mismos y recordar que a cada instante hacemos lo mejor que podemos, lo mejor que sabemos.

Humor

Reírnos más, reírnos de nuestros defectos, de nuestras sombras. Incorporar el sentido del humor como parte de nuestro paso por la vida. Reír no siempre involucra carcajadas (aunque a veces sí) en ocasiones implica desdramatizar. Quitarle algunas capas de drama a lo que nos ocurre.

Amor

¡Necesitamos amarnos más! Necesitamos sabernos dignos de la felicidad. Dejar de lado la autocrítica, la crítica y el juicio hacia los demás. Aprender a usar la compasión, poder abrazar la vida y abrazar la inmensa cantidad de defectos que llevamos y llevaremos durante todo este viaje, intentando siempre ser mejores que ayer.

Necesitamos amarnos más los unos a los otros. Y amarnos tiene que ver en ocasiones, con la amabilidad, con el reconocimiento, con la humildad, con la humanidad.

En lo cotidiano, nos tratamos unos a otros olvidando que hay personas detrás de cada cuerpo. Olvidamos que hay alegrías y tristezas. Olvidamos saludarnos y sonreírnos porque sí. Olvidamos ver más allá de la función que cada uno desempeña. Olvidamos que también somos lo que no vemos.

Paciencia

La vida es un proceso que dura toda la vida. Son ciclos que se cierran y se abren continuamente unos dentro de otros. Es clave ejercitar la paciencia. Saber que todo llega y que todo pasa. Es clave respetar los tiempos de cada fase. Nos hemos malacostumbrado a lo inmediato. Al “ya”. Nos hemos malacostumbrado a matar el “mientras tanto” y es ahí cuando dejamos que la vida se nos escape. Aprendimos a habitar más el futuro desde la mente que el presente desde la experiencia. Aprendimos a ser ansiosos, a buscar ciegos lo que creemos que nos hará felices y en esa ceguera nos perdemos de lo que hay en la marcha, nos perdemos de vivir.

Paciencia implica parar. Dejar de correr, dejar de vivir apurados sin razón. Paciencia significa adoptar lo gradual como parte del desenvolvimiento natural de la vida.

Y todavía entrando por las puertas de este nuevo ciclo que ya se inauguró, de cada persona dependerá lo maravilloso que sea o no. Así de importante también, es esperar lo mejor, porque solo así lo mejor llegará.

* Anna Fedullo es Terapeuta Transpersonal e Instructora de Meditación y Mindfulness. Forma parte del equipo de Comer despierto.