Las peores comidas para la acidez o ardor de estómago, como el tomate y el té de menta

Un calor desagradable sube del estómago a la garganta y te fastidia el día. Si no sabes bien por qué pasa o cómo evitarlo, este artículo puede ayudarte.

En muchas ocasiones, la acidez (o más gráficamente, el ardor) de estómago viene de un problema muy común y a la vez bastante desconocido: el reflujo gastroesofágico. Los alimentos tras llegar al estómago vuelven a fluir hacia arriba, porque la válvula que separa estómago y esófago no se cierra bien.

Aunque pueda sonar a síntoma pasajero -casi todo el mundo sabe cómo es un amago de regurgitación de cuando en cuando- es una enfermedad crónica, y los que la padecen pueden tener verdaderos problemas, por una insuficiencia del esfínter esofágico interior, una relajación transitoria del mismo, una hernia de hiato o una alteración en la expulsión del reflujo desde el esófago.

En España, según la Sociedad Española de Patología Digestiva, tiene la enfermedad el 16% de la población y alrededor del 40% la sufrirá en algún momento de su vida. La buena noticia es que nueve de cada diez casos responden bien al tratamiento con medicamentos (omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabeprazol y esomeprazol, entre otros), y que adelgazar y no saciarse es una ayuda casi siempre.

Más allá del tabaco y la grasa

Como explica a ‘The Daily Mail’ el médico Jonathan Aviv solemos imaginarnos a los que sufren esta condición como personas de malos hábitos, acostumbrados a las comidas copiosas, ya algo entrados en años y con sobrepeso. Aunque todo ello ayuda, puede ocurrir a todas las edades. Además, muchos la padecen sin saberlo y sin síntomas (los tejidos del esófago se entumecen al estar tanto tiempo expuestos al ácido), lo que hace que no cuiden su alimentación o que lo hagan según criterios equivocados.

Pero, además, el doctor Aviv piensa que el motivo por el que se ha vuelto casi una plaga moderna es lo mal que comemos y bebemos diariamente. Aunque hay que ver cada ingrediente por separado, podemos establecer según él una regla general: cuanto más procesada está una comida, más ácida es, porque se han empleado más químicos para conservarla. Hay alimentos habituales en nuestra dieta que fallan por varios motivos: contribuyen a aflojar la válvula de la que hablábamos al principio, provocan inflamación o presionan provocando hinchazón y gases.

La dieta mediterránea es la más recomendada, pero tiene componentes problemáticos para el reflujo: tomate, vino, ajo, cebolla…

Además del ácido, el otro ‘enemigo’ es la pepsina, una enzima digestiva que se secreta en el estómago y está implicada directamente en el daño esofágico de la mayoría de los pacientes. Se activa con los alimentos ácidos (con un pH inferior a 7) mezclándose con el ácido de su composición y apareciendo en el esófago y a veces incluso en el pecho, las cuerdas vocales y la garganta. En los pulmones puede llegar a causar asma y bronquitis.

¿Qué pudo ser? (Corbis)
¿Qué pudo ser? (Corbis)

Las recomendaciones dietéticas habituales son evitar el tabaco, el café (y la cafeína en general), el alcohol (especialmente el vino, que favorece la expulsión de los gases del tubo digestivo), los platos muy grasos (incluidos los aceites de maíz, la margarina y demás fuentes de grasa vegetales, como las semillas de sésamo) o muy especiados (pimienta, etc.), los fritos y no llenarse mucho en ninguna comida, especialmente si cenamos tarde por la noche.

Estos son otros alimentos, en principio sanos, que contribuyen al reflujo y a la acidez de estómago resultante.

Tomates

La dieta mediterránea es la más recomendada por la ciencia para una vida sana y larga, pero tiene varios componentes problemáticos para el ardor del reflujo. No se ha hablado mucho en este aspecto del tomate, que es una buena opción para perder peso por su capacidad saciante y sus pocas calorías, pero que tiene varios ácidos: cítrico, oxálico y málico.

La pizza, la lasaña y demás platos grasos suelen llevar tomate. Si comes raciones pequeñas y si cocinas con una cantidad moderada de tomate, mucho mejor.

Cítricos y sopas en conserva

Fíjate en la etiqueta. (iStock)
Fíjate en la etiqueta. (iStock)

Aunque las vitaminas (sobre todo A, B1, B2 y C), los minerales (potasio, cobre, azufre…) y el ácido cítrico que contienen son necesarios en nuestro organismo, si tienes problemas de ardor debes limitar el consumo, tanto de las frutas como de sus zumos.

¿Sabías que las sopas y las verduras en conserva también suelen ser ácidas? Sucede en mayor medida al conservarlas en vinagre (otro clásico de la dieta mediterránea) o fermentarlas. En la etiqueta, fíjate en si llevan ácido cítrico o ascórbico, es una pista que lo indica.

Cebolla y ajo

Quizá ya te has dado cuenta de que el gazpacho se está poniendo muy complicado… El ajo y la cebolla son indigestos y pueden provocar hinchazón y presionar la válvula del esófago.

No te alarmes porque bien cocinados (en lugar de crudos) sus efectos ácidos para el estómago se mitigan.

Tradicionalmente se ha tomado leche entera para evitar la acidez, pero puede suceder lo contrario, por las proteínas, el calcio y la grasa

Otros condimentos sabrosos con los que debes tener cuidado son la salsa de soja, la mayonesa y la mostaza.

Menta y té de menta

Las infusiones se toman como digestivo, a menudo intentando compensar (¡demasiado tarde!) un atracón considerable.

Lo que sucede es que la menta, por sabrosa que sea, no es lo mejor para el ardor. Incluso en chicles o caramelos, aunque refresca el paladar, aumenta la producción de ácido.

Evita también los refrescos carbonatados, sobre todo los de cola.

Para los episodios de acidez lo mejor es el agua sin más (y sin llenarse), o si quieres un poco más de sabor una manzanilla. Lo sentimos.

Leche entera

Atención a la leche entera, la bollería y el tomate. (iStock)
Atención a la leche entera, la bollería y el tomate. (iStock)

Tradicionalmente se ha tomado para evitar la acidez, pero a algunas personas les sucede lo contrario, por las proteínas y el calcio (que estimulan la secreción de ácido) y por la grasa.

Si sueles tomarla con chocolate (cereales, solubles de cacao…) te arriesgas más.

Dietas milagro alcalinas

Todas estas recomendaciones (que no tienes por qué seguir si no tienes malas digestiones) no deben alarmarte. El miedo al ácido y la obsesión por el pH de los alimentos han llevado a muchos a fiarse de las llamadas ‘dietas alcalinas’ recomendadas para todo el mundo por ciertos charlatanes.

La idea de que el organismo se desintoxica aumentando el pH y prohibiendo grupos enteros de alimentos no es real. El pH de la sangre no puede modificarse de forma significativa solo con un cambio de dieta, y de hecho estas soluciones radicales son contraproducentes, también para la acidez.

Lo que sí resulta bueno casi siempre es aumentar el consumo de vegetales. Pero la infusión de limón no es buena si tienes ardores, todo lo contrario, aunque lo verás recomendado por ahí.

Si tienes dificultad para tragar (como si hubiera un bulto), molestias o dolores de garganta, tos (que se prolonga durante semanas), sudores y dolores de pecho o voz ronca permanente, debes acudir al médico. En un pequeño porcentaje, el reflujo puede evolucionar a esófago de Barrett, la consecuencia más grave, que puede llevar incluso a un cáncer de esófago.