Tatuajes y piercings durante el embarazo: las dudas más comunes

Para las amantes del arte corporal, la época de gestación y de lactancia puede ser un momento de cambiar los hábitos. Las precauciones a tener en cuenta para cuidar la salud y la estética.

Durante los meses de embarazo, es ampliamente sabido que se recomienda extremar los cuidados para que tanto la madre como el hijo/a en camino estén saludables. Sin embargo, hay tantas precauciones a tener en cuenta que a veces surgen dudas respecto de prácticas que normalmente en la vida cotidiana no presentan problemas.

Una de estas cuestiones es el uso de piercings y tatuajes durante el embarazo y la lactancia. Hay mujeres que disfrutan de llevarlos y no saben qué cuidados especiales deberían tener para que no se arruinen o pongan en peligro su salud y la del bebé. A otras, en cambio, les gustaría dejar grabado un recuerdo en su piel durante la gestación, mientras que otras no saben si después de todo el embarazo van a poder seguir luciendo aros o dibujos en distintas partes del cuerpo.

1. “¿Mi tatuaje se va a deformar después de mi embarazo?”

Cada vez que la piel se estira, las ilustraciones en los tatuajes pueden volverse borrosas, descoloridas o deformes, según señaló el doctor Cameron Rokhsar, profesor clínico asociado de Dermatología en el hospital Mount Sinai, en Nueva York, Estados Unidos. Además, los tatuajes en el abdomen, el pecho o las caderas tienen más probabilidades de cambiar, ya que esas áreas se expanden más.

También puede suceder que un tatuaje mantenga su tamaño y forma, pero que las estrías se desarrollen en su interior y causen que se desvanezca. “Cuánto de un efecto duradero del embarazo tiene en su cuerpo el arte depende sobre todo de la genética”, dijo Rokhsar. Las cremas propias para el cuidado durante el embarazo no evitan la distorsión, pero si la piel se recupera, el tatuaje puede tomar su forma original después del parto. De lo contrario, es posible retocarlo después de la lactancia o eliminarlo con un tratamiento de láser.

2. “¿Debería sacarme mis piercings?”

Durante el embarazo, los aros del rostro pueden permanecer, y en algunos casos no es necesario eliminar los piercings del pezón o el ombligo. “Algunas mujeres se sienten incómodas a medida que su piel se estira”, señaló el doctor Iffath A. Hoskins, profesor asociado clínico de Obstetricia y Ginecología del NYU Langone Medical Center, en Estados Unidos.

Si se siente dolor, cambiar el tamaño del aro o el material del accesorio puede mejorarlo. Sin embargo, en estos últimos casos es recomendable quitarlos para evitar que el estiramiento de la piel no dañe la zona ni dé lugar a infecciones o heridas y que la sensibilidad aumentada no produzca molestias. A la hora del parto, no obstante, es diferente. Un aro en la nariz o la lengua pueden ser complicados si se requiere anestesia general, y una perforación genital también aumenta el riesgo de lesiones e infecciones.

3. “¿Es seguro obtener nuevo arte corporal durante la gestación?”

Si bien no hay evidencia científica concluyente sobre los efectos de este tipo de práctica, siempre es recomendable evitarlas en el transcurso de la lactancia y el embarazo para evitar correr riesgos innecesarios.

Con respecto a las agujas –utilizadas en la realización de tatuajes– el riesgo más importante es contraer enfermedades infecciosas como hepatitis B y C o tétanos, entre otras vinculadas a ellas, ya que una aguja mal higienizada o sin esterilizar puede transmitirlas. En el caso del VIH, según indican el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), los tatuajes y perforaciones en la piel presentan un posible riesgo de transmisión, pero no se documentaron hasta el momento cifras significativas de casos de transmisión del VIH por estas actividades.

Aunque en todos los casos es importante asegurarse de que solo se usen agujas, tinta y suministros nuevos y de que la persona que realiza el procedimiento tenga la licencia correspondiente, una amplia mayoría de tatuadores profesionales se niegan a tatuar a mujeres embarazadas o en período de lactancia.

En el caso de los piercings o aros, las infecciones y reacciones alérgicas están a flor de piel en la colocación, no sólo en embarazadas. Aun si el accesorio es de acero quirúrgico. El embarazo reduce las defensas inmunitarias de la mujer, y la vuelve más vulnerable a infecciones y patologías infecciosas graves, como la hepatitis. Además, durante el embarazo y la lactancia, la piel es más sensible, y también aumenta el riesgo de reacciones alérgicas y de rechazo a los componentes del metal del piercing.

Para quienes ya tienen, se recomienda quitarlos para evitar que se produzcan lesiones. En caso de que se decida dejarlos, la mujer embarazada con piercing debe mantener una buena rutina de limpieza del aro y ante el primer síntoma de irritación consultar al dermatólogo. Hay que evitar en la medida de lo posible que el piercing roce con la ropa, lo cual es bastante complicado cuando la panza ya tiene un volumen considerable, para evitar tirones inesperados o deslizamientos y roces fuertes.

Si a medida que la panza va creciendo salen estrías en la piel por el estiramiento de la zona, se recomienda retirar el aro, ya que la cicatriz puede producir un queloide, una cicatriz engrandecida o estrías más marcadas en los orificios del piercing.

4. “¿Es cierto que no puedo recibir anestesia peridural si tengo un tatuaje en la espalda?”

Una revisión en 2010 de la revista American Association of Nurse Anesthetists Journal cuestionó la seguridad de la colocación de una epidural a través de la piel tatuada, argumentando que la aguja podría absorber la tinta y extenderla en la médula, causando problemas. Aunque tal transferencia de colorante es de hecho posible, todavía no hay evidencia de daños.

Si el anestesiólogo es capaz de colocar la peridural en un área de piel sin tinta, lo hará. Sin embargo, incluso si eso no es posible, todavía se puede acceder a este método, siempre y cuando su tatuaje está completamente curado y libre de enrojecimiento, cáscara u otros signos de infección.

5. “¿Un piercing en el pezón me va a impedir amamantar?”

No es necesario quitar el piercing durante el embarazo, pero muchas futuras madres lo hacen espontáneamente, porque tienen más sensibilidad en el pezón y les molesta. Sin embargo, en la lactancia es mejor sacarlo. “Una perforación en el pezón o areola no tiene efecto en la capacidad de producir leche materna, pero un anillo en el pezón es un riesgo de asfixia potencial, por lo que es mejor dejarlo fuera hasta que ya no se esté amamantando”, dijo Hoskins.

El hecho de quitar y volver a poner el piercing entre una toma y otra puede transportar bacterias al interior de los conductos galactóforos, lo que aumentaría el riesgo de mas​titis para la madre y de transmisión de infecciones bacterianas al bebé. Por último, si el agujero atraviesa un conducto galactóforo –los finos conductos que transportan la leche desde las glándulas al pezón– la leche se podría salir por el orificio. Esto no representa un problema si el bebé succiona correctamente, abarcando con la boca todo el pezón, y no sólo la punta.