¿Son realmente buenos los antioxidantes para nosotros?

No existe una píldora mágica y, desde luego, no todos son iguales

Los antioxidantes parecen estar en todas partes; en los superalimentos y en los productos de cuidado de la piel, incluso en el chocolate y el vino tinto. Los productos que contienen antioxidantes se comercializan como esenciales para tener una buena salud, con promesas de combatir las enfermedades y revertir el envejecimiento. Pero, ¿son realmente tan buenos para nosotros como nos hacen creer?

¿Qué son los antioxidantes?
El término antioxidante abarca una amplia gama de moléculas —átomos unidos por enlaces químicos— que protegen a otras moléculas de un proceso químico llamado oxidación.

Hasta ahí bien, pues la oxidación puede dañar las moléculas vitales en nuestras células, incluyendo el ADN y las proteínas, que son responsables de muchos procesos corporales. De hecho, moléculas, como el ADN, son necesarias para el correcto funcionamiento de las células; por lo que, si se dañan demasiadas, la célula puede funcionar mal o morir. Los antioxidantes pueden prevenir o reducir este daño.

En nuestro cuerpo, el proceso de oxidación suele ocurrir a causa de otro tipo de moléculas que son altamente reactivas: los radicales libres.

No toda oxidación es mala

La oxidación es una reacción química común en la que se transfieren electrones de una molécula a otra. Y los electrones son una de las partículas subatómicas —más pequeñas que un átomo— que componen prácticamente todo. A medida que los electrones se mueven durante una reacción de oxidación, sus enlaces se pueden romper y la estructura de las moléculas cambia.

No todas las reacciones de oxidación son malas. Algunas son esenciales para la vida y están involucradas en muchos otros procesos importantes. En la respiración celular, por ejemplo, la glucosa se oxida por el oxígeno, produciendo dióxido de carbono, agua y energía para alimentar nuestro cuerpo. Y, en otro ámbito, los blanqueadores domésticos actúan oxidando las manchas de color en moléculas incoloras.

Otras reacciones de oxidación menos deseables son la de los metales y el deterioro de los alimentos.

Y, ¿los radicales libres?
Los radicales libres son simplemente moléculas con uno o más electrones impares. A los electrones les gusta estar en pares, por lo que los electrones impares pueden dar como resultado moléculas inestables y altamente reactivas.

Para estabilizarse, el radical libre debe robar un electrón de otra molécula (o regalar uno). Cuando una molécula pierde un electrón, se oxida y se convierte en un radical libre. Este nuevo radical libre puede robar un electrón de otra molécula y empezar una reacción en cadena. Este proceso cambia permanentemente la estructura de las moléculas y desencadena daños irreversibles.

Pero si hay un antioxidante presente, puede donar un electrón al radical libre, estabilizándolo y deteniendo la reacción en cadena. El antioxidante se sacrifica y se oxida en lugar de la otra molécula, convirtiéndose en un radical libre. A diferencia de la mayoría de las moléculas, el antioxidante es capaz estabilizar el electrón desparejado y no se vuelve altamente reactivo. Este proceso desactiva el antioxidante.

Los radicales libres no siempre son malos para nosotros. El sistema inmune usa su naturaleza altamente reactiva y destructiva. Ciertos glóbulos blancos, llamados fagocitos, pueden envolver partículas extrañas, como las bacterias, luego sellarlas y liberar radicales libres para destruirlas.

Los radicales libres son generados naturalmente por nuestro cuerpo, pero pueden multiplicarse por factores de estilo de vida tales como el estrés, la mala alimentación, la contaminación, el tabaquismo y el alcohol. Nuestros cuerpos pueden manejar algunos radicales libres, pero si se forman demasiados puede abrumar a las defensas normales del cuerpo.

Se cree que el daño de los radicales libres es una de las causas del envejecimiento y contribuye a diversas enfermedades. Por ejemplo, el daño de los radicales libres al ADN puede causar mutaciones genéticas y promover el cáncer.

Entonces, los antioxidantes son buenos, ¿no? No es tan simple
Si los radicales libres son peligrosos y causan envejecimiento y enfermedades, y los antioxidantes pueden neutralizarlos, entonces obtener más antioxidantes debería ser bueno, ¿no? Lamentablemente, no es tan simple como eso. Sí, los altos niveles de antioxidantes y el bajo estrés oxidativo están asociados con la buena salud, pero no todos los antioxidantes son iguales.

Los antioxidantes provienen de muchas fuentes. Algunos se producen de forma natural en el cuerpo y algunos se producen naturalmente en los alimentos que comemos. Los antioxidantes —naturales o sintéticos— también se pueden agregar a los alimentos que normalmente no los contienen, ya sea por su (supuesto) valor para la salud o para preservar la comida (los antioxidantes también previenen la oxidación en los alimentos).

Una dieta saludable es la forma más efectiva de obtener los antioxidantes que su cuerpo necesita. Las frutas, verduras, granos, huevos y nueces son todas fuentes útiles de antioxidantes. A pesar de la exageración del marketing, los antioxidantes que se encuentran en los llamados superalimentos no son más efectivos que los de las frutas y verduras comunes, por lo que es mejor que ahorre dinero.

Pero es una historia diferente cuando se trata de suplementos antioxidantes. La investigación ha encontrado que los suplementos antioxidantes pueden causar más daño que beneficio. Un metaanálisis de 2012 de más de 70 ensayos encontró que los suplementos de antioxidantes son ineficaces o incluso perjudiciales para la salud. Las razones no están claras, pero es probable que los beneficios nutricionales adicionales derivados del consumo de antioxidantes en una dieta saludable contribuyan a esto. Además, las altas concentraciones de antioxidantes asociados con el uso de suplementos pueden provocar problemas.

Hay una serie de razones por las que las altas concentraciones de antioxidantes pueden ser perjudiciales. En altas concentraciones, los antioxidantes pueden:

– Actuar como pro-oxidantes, aumentando la oxidación

– Proteger las células sanas, pero también las peligrosas, como las cancerígenas

– Reducir los beneficios del ejercicio para la salud

– Tener efectos secundarios no deseados, como náuseas y dolores de cabeza, o incluso alcanzar niveles tóxicos