Una lágrima para diagnosticar precozmente el párkinson

Los niveles en las lágrimas de dos proteínas asociadas al párkinson varían significativamente en función de que la persona tenga o no la enfermedad.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico crónico, neurodegenerativo e invalidante que padecen más de 160.000 personas en nuestro país, en hasta un 10% de los casos en fase avanzada. Una enfermedad que, caracterizada por un deterioro tanto cognitivo como, sobre todo, del movimiento, carece de cura. De hecho, las terapias actualmente disponibles tan solo logran ralentizar, que no detener, su progresión. Además, la eficacia de estas terapias es menor cuanto más avanzada se encuentra la enfermedad, por lo que su diagnóstico precoz cobra una importancia fundamental. Sin embargo, este diagnóstico temprano resulta inviable en la mayoría de los casos. Y es que la falta de biomarcadores específicos hace que el párkinson solo pueda ser detectado cuando el paciente ya presenta unos síntomas motores evidentes. O así ha sido hasta ahora. Y es que investigadores de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles (EE.UU.) parecen haber hallado la forma de detectar el párkinson muchos años antes de que el paciente manifieste los síntomas. Y para ello solo hay que mirar en una lágrima.

Como explica Mark Lew, director de esta investigación que se presentará en el marco del Congreso Anual 2018 de la Academia Americana de Neurología (AAN) que se celebrará el próximo mes de abril en Los Ángeles (EE.UU.), «hasta donde nosotros sabemos, nuestro trabajo es el primero en mostrar que las lágrimas pueden ser un marcador biológico de confianza, barato y no invasivo de la enfermedad de Parkinson».

La cantidad importa

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los niveles de cuatro proteínas en las lágrimas tomadas de 55 personas diagnosticadas de párkinson y los compararon con los observados en las lágrimas de otros 27 participantes que, de la misma edad y sexo, no padecían la enfermedad.

Como indica Mark Lew, «nos centramos en las lágrimas porque contienen varias proteínas producidas por las células secretoras de la glándula lacrimal. Y para secretar estas proteínas en las lágrimas, se requiere que la glándula sea estimulada por los nervios. Así, y dado que el párkinson puede alterar la función de los nervios que se encuentran fuera del cerebro, creemos que cualquier cambio en esta función de los nervios debe reflejarse en los niveles de proteínas en las lágrimas».

Las lágrimas podrían constituir un marcador biológico de confianza, barato y no invasivo de la enfermedad de Parkinson

Los resultados mostraron diferencias en los niveles de una proteína específica, la alfa-sinucleína, entre los participantes en función de que tuvieran o no la enfermedad. Y asimismo, que los niveles de alfa-sinucleína oligomérica, esto es, de los agregados de la proteína que provocan daños en las neuronas cerebrales y que constituyen una de las peculiaridades distintivas del párkinson, también variaron notablemente según los participantes padecieran o no la enfermedad.

Concretamente, los niveles de alfa-sinucleína fueron significativamente inferiores en los pacientes diagnosticados de párkinson –un promedio de 423 picogramos de proteína por miligramo de lágrima– que en los participantes sin la enfermedad –704 pg/mg–. No así en el caso de la alfa-sinucleína oligomérica, cuyas concentraciones fueron significativamente superiores en los pacientes –1,45 nanogramos de proteína por miligramo de lágrima– que en los voluntarios sanos –0,27 ng/mg.

Mucho antes de los temblores

En definitiva, la presencia de altos niveles de alfa-sinucleína oligomérica, o de bajas concentraciones de alfa-sinucleína, en la lágrima podría ayudar a detectar la enfermedad de Parkinson de forma temprana.

Como apunta Mark Lew, «el saber que algo tan simple como una lágrima podría ayudar a los neurólogos a diferencias entre las personas que tienen enfermedad de Parkinson y las que no de una forma no invasiva es realmente emocionante. Además, y dado que el proceso de la enfermedad se inicia años o décadas antes de la aparición de los síntomas, un marcador biológico como el descrito en nuestro trabajo podría resultar útil para un diagnóstico y tratamiento mucho más temprano de la enfermedad».

Sin embargo, aún queda trabajo por hacer. Los autores están planeando poner en marcha un nuevo estudio con un mayor número de participantes para evaluar si los cambios en estas proteínas pueden detectarse ya en las primeras fases de la enfermedad, mucho antes de la presentación de la sintomatología.