Venezuela celebra elecciones presidenciales sin la participación de las fuerzas mayoritarias de la oposición.

Venezuela celebra este domingo unas elecciones presidenciales rechazadas por amplios sectores de la sociedad, la comunidad internacional y sin la participación de la mayoría de las fuerzas opositoras. La convocatoria, decidida a principios de año por el Gobierno de Nicolás Maduro, no tiene legitimidad, según la oposición, por carecer de garantías democráticas, de una supervisión suficiente y por tener un formato que favorece al chavismo. El presidente se prepara así para apuntalar su poder en medio de una catástrofe económica sin precedentes.

El mandatario se mide, sobre el papel, con Henri Falcón, militar retirado y exgobernador del Estado de Lara, y con el pastor evangélico Javier Bertucci. Aunque hay encuestadoras que conceden una ventaja a Falcón, que tiene un pasado de dirigente oficialista hasta su ruptura con el expresidente Hugo Chávez en 2010, Maduro, con el control de las instituciones y con la maquinaria socialista, se mantiene como favorito.

El rechazo de su gestión es altísimo, por encima del 70%. No obstante, es difícil vislumbrar otro resultado que no sea su victoria. La cita, aunque rodeada de sospechas de fraude, es importante para el chavismo porque se trata de la primera reválida del dirigente bolivariano, ya que las elecciones de 2013, en las que ganó por la mínima frente a Henrique Capriles, fueron una especie de trámite tras el fallecimiento de su antecesor. Hoy comienza de alguna manera una nueva fase dentro del régimen, que ya ha roto con algunos postulados de Chávez, empezando por su Constitución.

Lo realmente crucial son, en cualquier caso, los próximos pasos, lo que pase a partir de mañana. Sobre el futuro de Venezuela se han sucedido en los últimos meses varias hipótesis. La primera, la que denuncia, por ejemplo, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, tiene que ver con una enésima huida hacia delante.

“Lo que va a suceder allí es un ejercicio de consolidar una dictadura, porque lo que está previsto es que después de esas elecciones expidan una nueva Constitución donde hay artículos que en cierta forma le permiten al régimen ser más represivo de lo que ha sido hasta ahora”, afirmó recientemente Santos en declaraciones a EL PAÍS.

La segunda posibilidad, que no está necesariamente reñida con este plan, puede ser el intento de formar una especie de Gobierno de unidad nacional junto a Falcón. Esto dependerá de los apoyos que reciba su rival y de la participación. Se trataría, de todas formas, de un mero golpe de imagen que, según la mayoría de las fuerzas opositoras, no tendría efectos prácticos ni supondría un giro en la gestión.

También hay quien espera que la hiperinflación, el desmoronamiento de un sistema productivo centrado en el petróleo y la profunda crisis social conducirán a una caída natural del régimen. Mientras tanto, algunas de las principales instancias internacionales y casi todos los Gobiernos de la región ya han anunciado que no otorgarán legitimidad a los resultados.

Sanciones de EE UU

El viernes Estados Unidos impuso nuevas sanciones contra el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, y su hermano. “El pueblo venezolano sufre bajo políticos corruptos que refuerzan su control del poder mientras forran sus propios bolsillos”, dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. Por eso, añadió, EE UU sanciona a figuras como Cabello, que “explotan sus posiciones oficiales para involucrarse en el tráfico de narcóticos, lavado de dinero, malversación de fondos estatales y otras actividades corruptas”.

El Gobierno de Maduro reaccionó ayer a esas medidas con palabras que recurren a la habitual retórica del enemigo exterior y prefiguran un aumento del aislamiento internacional del país. “No sorprende que, en vísperas de un nuevo proceso electoral, donde el pueblo venezolano saldrá a defender su democracia en contra de las agresiones imperiales”, señaló el Ministerio de Exteriores en un comunicado, “una vez más el régimen estadounidense de turno intente sabotear los comicios mediante el uso de medidas ilegales de coerción”.

Mientras crecen las tensiones diplomáticas y cientos de miles de ciudadanos huyen a los países vecinos, los venezolanos se disponen a votar en un país partido por la mitad.

Fuente: El País