Trabajaron junto al reconocido muralista Walter Lucero. El mural forma parte de un plan de obras impulsado por la Dirección General del Servicio Penitenciario para mejorar, por intermedio de la autogestión, las condiciones habitacionales de las personas que se encuentran alojadas en complejos y unidades carcelarias.

Internas alojadas en la Unidad VII de Agua de las Avispas participaron junto con el artista y muralista Walter Lucero en el diseño y elaboración de un extenso mural en una de las paredes externas que posee el penal destinado al ingreso primario de mujeres, es decir, aquellas que por primera vez ingresan al sistema penal.

El objetivo principal de la obra, que se enmarca en el programa Arte Público y Muralismo de la Secretaría de Cultura, fue embellecer uno de los espacios comunes que posee la unidad, por intermedio del arte y la pintura, y con la participación de personas privadas de libertad.

Esta iniciativa pertenece a un plan de obras impulsado por la Dirección General del Servicio Penitenciario para mejorar por intermedio de la autogestión, no sólo las condiciones habitacionales de las personas que se encuentran alojadas en complejos y unidades carcelarias, sino también para mejorar la estructura edilicia de los penales.

Este mural, de aproximadamente 200 metros, está en una de las paredes de la unidad, ubicada sobre la ruta provincial 84 de Cacheuta. Tiene como temas principales la cordillera de los Andes, el trabajo de la vid y la figura de la mujer.

Lucero ha participado también en otras obras reconocidas de la provincia. Entre ellas, se destacan el encuentro de Bolívar y San Martín en el nudo vial del ingreso a la ciudad y el mural más grande de Mendoza, de aproximadamente 290 metros, pintado en la ex bodega Giol de Maipú.

Lucero ya había realizado una obra similar también en un contexto de encierro. Se trata del mural de aproximadamente 200 metros que reanima una de las paredes del penal de El Borbollón, y que recibió el nombre de “Libres nos queremos”.

Autoridades del Servicio Penitenciario expresaron que “el hecho de que las personas privadas de libertad trabajen y colaboren en este tipo de tareas ayuda a que tengan un mayor cuidado de las instalaciones, ya que permite contar con espacios agradables para recibir a sus familias”.