Pekín y Bruselas acuerdan trabajar en una reforma de la Organización Mundial del Comercio para preservar el sistema multilateral.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha advertido este lunes en Pekín de los peligros de una guerra arancelaria entre los dos principales bloques comerciales del planeta (China y EE UU), a los que instó a trabajar conjuntamente para preservar el sistema multilateral y “prevenir el conflicto y el caos”. Apenas unas horas antes de la cumbre entre Donald Trump y Vladímir Putin en Helsinki, Tusk abogó por una revisión de las normas que regulan el comercio internacional en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) incorporando asuntos peliagudos como los subsidios estatales o los derechos de propiedad intelectual, origen de la actual contienda comercial entre EE UU y China.

“Es el deber común de Europa y China, de América y Rusia, no destruir este orden, sino mejorarlo”, dijo Tusk en rueda de prensa, después de concluir en la capital china la cumbre anual entre los líderes de China y la Unión Europea (UE). “Hago un llamamiento a nuestros anfitriones chinos, pero también a los presidentes Trump y Putin, a iniciar conjuntamente este proceso con una reforma de la OMC”. En este sentido, Pekín y Bruselas han acordado establecer un grupo de trabajo conjunto a nivel viceministerial para abordar estos cambios. “Todavía hay tiempo para evitar el conflicto y el caos”, remarcó Tusk.

 

Con el ojo puesto en Helsinki, China y la UE expresaron en un comunicado conjunto —el primero que se logra consensuar desde hace tres años— su compromiso con el sistema de comercio multilateral. No hay ningún tipo de alianza formal, pero ambos bloques apuestan por un sistema basado en las normas y se mostraron contrarios a los aranceles impuestos por la Administración de Donald Trump. Washington, en cambio, considera que el proceso para lidiar con los conflictos comerciales en el seno de la OMC es demasiado lento y el mismo Trump ha asegurado que las decisiones del organismo son “injustas” para los intereses estadounidenses.

China, quizás el país del mundo que más se ha beneficiado de su entrada a la OMC, coincidió también en la necesidad de reformar este organismo. El primer ministro del país, Li Keqiang, reiteró que Pekín no quiere una guerra comercial y prometió a la Unión Europea nuevas reformas que garanticen un mejor acceso al mercado chino de sus empresas y productos.

“Prohibimos cualquier tipo de transferencia tecnológica forzada y manejaremos las violaciones de los derechos de propiedad intelectual seriamente”, dijo Li, quien ofreció abrir nuevos sectores a la inversión europea y reducir los aranceles a varios productos para lograr una relación comercial “más equilibrada” con la UE, sin dar más detalles. Preguntado por si se daba por satisfecho con los compromisos de China con respecto a sus prácticas desleales (dumping) —algo con lo que la UE coincide plenamente con Estados Unidos—, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se limitó a afirmar: “Hay progresos, pero pensamos que China se puede abrir aún más”.

En la agenda bilateral, China y la UE han avanzado en la firma de un tratado de inversión, cuyas negociaciones se alargan ya cinco años. Su pronta conclusión es una “prioridad máxima” para ambos lados, según el comunicado conjunto, después de que se haya producido durante la cumbre el intercambio de ofertas de acceso a los respectivos mercados. Fuentes diplomáticas explican que, si bien quedan muchos aspectos que discutir, un futuro deterioro de las relaciones entre China y Estados Unidos (o entre Europa y Estados Unidos) podría dar un impulso a las conversaciones.

En cuanto a los asuntos relacionados con los derechos humanos, la delegación europea destacó que pese a las diferencias habla con China de forma fluida sobre sus preocupaciones al respecto. “Lo he hecho hoy y lo seguiré haciendo en el futuro siempre que lo crea conveniente”, aseguró Tusk, sin mencionar ningún caso concreto.