El papa Francisco denunció el “silencio cómplice” que ha permitido que la violencia consuma el Medio Oriente y obligado a decenas de miles de cristianos a dejar sus hogares, durante una singular reunión el sábado con patriarcas ortodoxos y jerarcas católicos para orar por la paz en esa región.

Francisco fue el anfitrión del servicio ecuménico que se extendió todo el día en el puerto de Bari, una ciudad rica en símbolos a orillas del Adriático y considerada un puente entre el este y el occidente. En ella se encuentran las reliquias de San Nicolás, un santo importante en el mundo ortodoxo.

El pontífice saludó a los patriarcas frente a la basílica de San Nicolás y juntos descendieron a la cripta para orar ante las reliquias y encender una llama por la paz en un símbolo de la unidad de los cristianos.

Durante años el Vaticano ha expresado preocupación por la suerte de comunidades cristianas del Medio Oriente que se remontan a la época de Cristo. La semana pasada, Francisco deploró la intensificación de los ataques en el sur de Siria que mataron a decenas de personas y obligaron a miles a huir.

En su oración inicial, Francisco dijo que el Medio Oriente representa la fuente del cristianismo, donde se preservan los antiguos ritos y la herencia cristiana y donde “nuestras mismas almas están enraizadas”.

Sin embargo, en los últimos años la región ha sido “cubierta por negras nubes de guerra, violencia y destrucción, ejemplos de ocupación y diversas formas de fundamentalismo, migración forzada y descuido”, denunció.

“Todo esto ha ocurrido en medio del silencio cómplice de muchos”, lamentó. “El Medio Oriente se ha convertido en una tierra de personas que dejan atrás sus propias tierras”.

En un servicio de oración con evocadores cantos en árabe e himnos católicos, el pontífice dijo que los líderes ortodoxos y católicos desean darle una voz a los que no la tienen.

“La indiferencia mata, y deseamos elevar nuestra voz en oposición a esta indiferencia asesina”, afirmó. “Porque en la actualidad el Medio Oriente está llorando, sufriendo y en silencio mientras otros pisotean esas tierras en busca de poder o riquezas”.

Entre los patriarcas presentes se encontraban el líder espiritual de los cristianos ortodoxos, patriarca ecuménico Bartolomé I, así como los de las antiguas iglesias de Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Se destacó por su ausencia el patriarca Cirilo, cabeza de la iglesia ortodoxa rusa, que apoya enérgicamente la intervención militar del presidente ruso Vladimir Putin en Siria.

Cirilo envió a su segundo, el metropolitano Hilarión.